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Lo Que He Visto Y He Oído

Published: August 18, 2011

A medida que usted lea esta columna, yo estaré de regreso de mi misión a Nigeria al que fui invitado por los dos obispos delegados de África que conocí en el Synod por África en el 2009. El Arzobispo Valerian Okeke de la Arquidiócesis de Onitsha y el Arzobispo John Olorunfemi Onaiyekan de la Arquidiócesis de Abuja me pidieron, hace un año, que hiciera una visita pastoral a estas dos Iglesias locales. Fue un honor aceptar sus invitaciones. Nigeria ha mandado a muchos de sus hijos e hijas a radicar en Atlanta y algunos de ellos son sacerdotes y hermanas religiosas quienes enriquecen nuestra Iglesia local a través de su ministerio y testimonio espiritual generoso.

Unos meses antes de ser asignado a la Arquidiócesis de Atlanta, tuve el privilegio de visitar Seúl, Corea. Al llegar aquí, me encanto descubrir a los miles de coreanos católicos presentes en nuestra Arquidiócesis. La semana pasada, presidí sobre la bendición del segundo sitio para la parroquia de los mártires coreanos para satisfacer a nuestra población creciente de coreanos. Algunos de los participantes llevaban trajes típicos para la ceremonia y su orgullo y entusiasmo era evidente. Qué momento tan feliz para una comunidad creciente.

Al largo de los años antes de y desde volverme Arzobispo de Atlanta, he tenido la oportunidad de visitar varios países al sur: Cuba, México, Brasil, y Colombia. Muchos miembros del clero y otros religiosos y fieles vienen de cada de estos países y son un regalo especial para nuestra Iglesia local. Realmente somos una comunidad internacional como nos demuestra el Congreso Eucarístico anual.

Tal vez Atlanta no tenga un Ellis Island que sea un monumento que marca la llegada de las comunidades inmigrantes, pero las iglesias católicas de esta Arquidiócesis son un testimonial de la presencia, las culturas, y las tradiciones étnicas de aquellos que ahora consideran la Arquidiócesis de Atlanta casa. Somos una familia eclesial que ha crecido y se ha desarrollado a través de los inmigrantes quienes han llegado a vivir aquí de todas partes del mundo. Ofrecemos misas cada domingo en vietnamita, portugués, francés, polaco, coreano, español, inglés y latín y esto nos recuerda de la presencia de nuestros vecinos y amigos quienes se han establecido aquí de otros países y que pueden alabar al Señor en sus idiomas nativos. Nuestro reto mayor en la Arquidiócesis de Atlanta es poder servir eficazmente a todos quienes llegan al norte de Georgia con una gran fe Católica y con sus propias culturas. Dios ha bendecido a nuestro estado con la llegada de una comunidad tan diversa de gente quienes ayudan a Georgia a convertirse en un compañerismo humano diverso en los Estados Unidos.

A medida de viajar a Nigeria, doy gracias por toda la gente que viene de esa nación, especialmente los religiosos y el clero que sirven aquí en la Arquidiócesis de Atlanta y también estoy muy orgulloso de ser americano, un ciudadano de la comunidad mundial y de una nación de bienvenida y hospitalidad.

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