
Lo Que He Visto Y He Oído
MOST REVEREND WILTON D. GREGORY, Archbishop of Atlanta
Published: January 3, 2008
¿“Extraña Chicago”? Esta pregunta me la hacen muchas veces. Entre el clima más bien abrupto que hubo el último fin de semana y las primeras temperaturas típicas del mes de diciembre en Atlanta, luego de un extenso periodo anormal de temperatura calurosa, varias personas me han comentado que esta ráfaga invernal templada me debe haber recordado al invierno de Chicago. No hay comparación entre el invierno de Chicago y las temperaturas frías que hemos tenido recientemente. Y no, no extraño el invierno de Chicago. En realidad, en los 14 años que llevo fuera de mi ciudad, puedo decir que nunca he realmente extrañado Chicago.
No me mal entiendan, amo a mi ciudad y estoy muy orgulloso de mi patrimonio en ella, pero he encontrado nuevos lugares a los que llamo “mi ciudad”, y nuevos amigos y nuevas tradiciones que han llenado mi corazón de felicidad tanto en la diócesis de Belleville, como especialmente aquí en la Arquidiócesis de Atlanta. Además, lo que uno realmente extraña de otros lugares no es el clima o las cosas para ver que tiene la ciudad, sino la gente.
Al igual que muchos de ustedes que se han mudado de otros lugares a Atlanta, lo que realmente se extraña es la gente y ocasionalmente el lugar. Son los recuerdos de los momentos pasados en familia y con amigos que llenan el corazón con nostalgia y cálidos recuerdos. Y la Navidad es quizás la época del año que más identificamos con los recuerdos del pasado. Todos tenemos nuestros preciados recuerdos de Navidades pasadas en familia y con amigos en otros lugares y en otros tiempos.
Son quizás esos recuerdos los que atraen tal cantidad de gente a las iglesias para la Navidad—el corazón siempre en busca de traer a la memoria la felicidad de la infancia o de momentos vividos cuando, siendo niños, celebrábamos la Navidad junto con padres, abuelos, hermanos, vecinos y amigos. La maravilla de la Navidad nos hace recordar todas las bendiciones que tenemos—o nos debería recordar esas bendiciones.
No, no extraño Chicago porque el misterio de Cristo ha estado siempre vivo en las nuevas comunidades que he descubierto y en las vidas de los nuevos amigos que he hecho, y ha estado renovado en la nuevas experiencias que he adquirido en lugares lejos de mi ciudad. No, no extraño los vientos invernales súper fríos que, comparados con las temperaturas de Atlanta, Atlanta se siente templado. No, no extraño los negocios en State Street o el Instituto de Arte de Chicago, ni la orquesta sinfónica, ni los museos o los restaurantes de comida étnica, o las diferentes comunidades. Estos eran tesoros que tenía en mi época de joven sacerdote y obispo, y agradezco a Dios por ellos. Pero estos tesoros han sido reemplazados por el invierno suave de Atlanta, las tiendas en Lenox, Phipps y Perimeter, los maravillosos restaurantes de Buckhead, las parroquias llenas de energía del norte de Georgia que dan la bienvenida a personas de cualquier idioma, raza, cultura y procedencia. Aquí es donde celebraré una hermosísima Navidad con ustedes y con sus familias.
El pasado es un tesoro; el presente es una bendición. ¡Feliz Navidad, mis queridos hermanos y hermanas! |
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