
Nuestra Gratitud A Los Indígenas
By MOISES SANDOVAL, CNS
Published: November 27, 2003
Al bendecir la mesa el día de acción de gracias, nuestra oración será incompleta si no expresamos nuestra gratitud a los indígenas, los primeros pobladores en estas tierras. Muchas de las comidas en esa mesa serán sus dones para nosotros—y para el mundo: las papas, el maíz, las habichuelas, calabazas, papayas, pacanas, y, en especial, el mismo pavo, todos productos domesticados miles de años antes que llegaran los Peregrinos. Ellos nos enseñaron el valor medicinal de un sin numero de plantas, contribuyeron miles de palabras al español e inglés, y, más importante, enriquecieron nuestra fe con devociones e ideas teológicas.
Poco después del día de acción de gracias, precisamente el 12 de Diciembre, la iglesia celebra la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. En una loma en la periferia de la Ciudad de México en 1531, la Virgen Santísima apareció a un humilde campesino indígena llamado Juan Diego. El mensaje que él llevó al obispo en obediencia a la Virgen impulsó la conversión de millones y ahora anima la fe por a lo largo de las Américas. En reconocimiento largamente esperado, el Papa Juan Pablo II canonizó a Juan Diego en el 2002. Asimismo, según la tradición, dos indígenas taino, Juan y Rodrigo de Hoyos, y un joven esclavo negro, Juan Moreno, vieron la aparición de la Virgen en la Bahía de Nipe en Cuba cerca del 1610. Así empezó la devoción a Nuestra Señora de La Caridad, tan importante para el pueblo cubano. El hecho de que la Virgen encargó su mensaje a humildes indígenas conquistados y a un esclavo anima examinar la religión indígena. El Concilio Vaticano Segundo urgió que estudiemos las tradiciones culturales y religiosas de los no cristianos, “descubriendo en ellas las semillas de la Palabra.” Es fácil encontrarlas.
Cuando los hispanos de los Estados Unidos hablan de religión, escribió el novelista mexicano Carlos Fuentes, hablan no sólo del Catolicismo sino también “de la idea que el mundo es sagrado, una de las más antiguas verdades del mundo amerindio.” El Padre Daniel Groody, CSC, quien hizo su tesis doctoral sobre la espiritualidad de campesinos mexicanos en el Valle Coachella en California, descubrió que la religión precolombina fluye en sus venas, dándoles la capacidad para contemplar. “Saben que están en la presencia de lo sagrado,” escribió. Ciertamente, el espíritu y creencia de los pueblos indígenas impregna la religiosidad de muchos en América. Estudios para el quinto centenario revelaron muchas convergencias entre la religión indígena y la cristiana.
En cuanto se contaminan el aire que respiramos y las aguas de los ríos y océanos, se destruye la capa del ozono, aumentan los yermos químicos y nucleares, debemos reconocer el daño que hemos hecho en escaso 500 años y comprometernos, por respecto al modo que los indígenas cuidaron al planeta por 12,000 años, a luchar para restaurarlo. Nuestra supervivencia depende de ello. En estos tiempos crueles y combativos, la cosmovisión indígena nos puede ayudar a crear una sociedad más humana. La creencia indígena que los frutos del suelo pertenecen no a los pocos sino a todas sus criaturas, puede fortalecer la lucha contra el hambre y la desigualdad.
Para un día que celebra la cosecha, nuestra reflexión podría concluir con la oración de los indígenas Hawaii: “Que el mundo continúe a vivir, que los cielos continúen a vivir. Que las lluvias continúen a mojar la tierra. Que los bosques húmedos continúen a crecer. Entonces las flores brotaran, y nosotros el pueblo viviremos de nuevo.” |
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